Nuestros Héroes Corren Peligro
El dinero que todo lo compra salvo el amor y la cura de las enfermedades continúa tocándome la entrepierna. Y hoy me fastidia porque la gente de perras de “Jollywood”, y en algunos casos hijos de perra también, están comprando derechos a destajo para producir las películas de las grandes aventuras de los héroes de tinta y papel con los que hemos crecido. Por un lado he de decir que estoy a favor del arte, por lo tanto también a favor del cine. Sin embargo, tal vez por la escasez de ideas que se refleja en las pobres cintas de aquel país que pueblan nuestra cartelera me da la impresión que están tirando hacia lo fácil los grandes empresarios de las Américas. Y digo lo fácil, no porque no sea un trabajo de chinos montar un “film” de animación, que lo es. Sino porque llevando a las pantallas nuestra infancia tienen asegurada la millonada en la recaudación. Y por lo general esas películas dejan bastante que desear en cuanto a adaptación de guiones. La trama suele ser compensada con chic@ ultra tremend@ que hace que la juventud, en demasía influenciada con ese gran invento que es la publicidad y que nos arrastra sin remedio, se lance al cine con palomitas y chicle para los besos en las últimas filas. Al menos eso no se ha perdido que yo sepa. Y que no se pierda por favor. Valga todo esto para decir también que debido a estas situaciones que estamos sufriendo cada día valoro más los guiones originales. Los descarnados. Los de tardes delante del ordenador cuando las teclas no quieren responder a la hora de poner en la boca de la protagonista esa frase que ha de marcar el desarrollo de una película. En fin, que supongo que en esta era digital en la que hasta yo por fin tengo un “Caralibro” se está esfumando el romanticismo. Se quiere perder entre el humo de las grandes producciones. Sin embargo unos cuantos resistirán. Y les diré quienes lo harán. Los que tras llegar del cine se plantan delante de su estantería y buscan ese lomo un tanto viejo de un tebeo o un libro que te devolverá a la infancia, al tiempo de los valores, de los primero amores, de las hadas, las princesas y los caballeros. Esos resistirán a esta era en muchos casos de destrucción cultural. Lo harán aquellos que dejan volar sus sueños en un cuaderno, los que nos cuentan historias y también lo harán muchas de las personas que representan esas historias en pequeños teatros de ilusiones que nos acercan más al día a día. Esos que llegan a conseguir que alcancemos tras un parpadeo la carnalidad y mortalidad de una vida que a mi personalmente cada vez se me hace más cuesta arriba. Por ello hoy pido que salven a Milú, a Phortos, al Jabato y a Mafalda. Que se conviertan en Iñigo Montoya y venguen por favor lo que esta gente nos está haciendo. Tan solo han de llegar a casa y buscar en esa caja medio perdida o en una estantería. Seguro que allí espera algún héroe cansado de tantos nuevos guiones que solo consiguen que se pierda la esencia de un capítulo que en su día fue indispensable en tus juegos de infancia. Háganlo por ellos, pero sobre todo por ustedes. Háganlo por los que se trabajaron a conciencia esas historias con las que crecimos y por todos aquellos artistas modernos que todavía no han perdido la esperanza y siguen luchando por el sueño de transmitir en una frase o un gesto aquello de lo que un día ellos fueron espectadores. Tal vez haya que plantarse de una vez ante la poderosa fábrica americana y dejar algo de paso al talento y la humildad de los sueños. Algo que por cierto tampoco puede comprar el dinero.
