Los Siete Peldaños Hacia El Cielo
Supongo que no descubrimos nada al comentar que el número 7 es un referente claro en la Biblia. Que siete son los Chakras en el cuerpo humano, siete las notas musicales, los colores del arco iris o los días de la semana. No voy a entrar a explicar el razonamiento en su mayoría astronómico de este número. Voy a centrarme en los siete escalones que parece que hay que subir para alcanzar una virtud eterna que desde mi punto de vista no existe, o no alcanzaremos por algo tan simple como que somos humanos. Y es ahí donde radica nuestra imperfección, nuestra grandeza, y por supuesto el motivo por el que los dioses en la antigua mitología griega eran celosos de los mortales. Sin embargo no está de más hacer referencia a esas siete virtudes que de un modo u otro deberían formar parte de nuestra vida. Al fin y al cabo algunas van asociadas a ciertos valores que en su momento debimos aprender de nuestros padres o abuelos.
Comenzaré diciendo que “La escalera de Jacob” no es tan solo un espléndido teatro de Lavapiés en el que disfrutar de una variedad de espectáculos tras haber llenado la tripa en el “Habibi”, un restaurante libanés cercano que quita el sentido con su Falafel. La escalera de Jacob es la escalera que los místicos dicen que une la tierra con el cielo. De manera que según ellos no creo que ninguno de nosotros alcance el paraíso celestial ya que está jodido cumplir los requisitos de la escalerita. Sería la mar de chachi encontraros a todos ahí arriba cuando nos vayamos para el patatal pero me da a mi que nos vamos a ver asando castañas en el averno, el inframundo, infierno o como gusten llamarlo. Es lo que hay compadres. Yo tengo muy claro cuales son los peldaños que me faltan para alcanzar la meta. Hagan ustedes juicio interno de cuales son los que les faltan. Los escalones están formados por la prudencia, templanza, fortaleza, justicia, fe, esperanza y caridad. Ahí es nada. Vamos que como para llamar algún día por teléfono a San Pedro y decirle que vamos para allá. Con este currículum que hay que completar me parece que desde que le clavaron una lanza en el costado a un señor de barbas judío en una cruz, el santísimo padre ha tenido pocas visitas por ahí arriba. Por mucho que se empeñe el Vaticano en beatificar a gente que supuestamente ha obrado “milagros”. Bueno el caso es que como referencia no está de más saber un poco de este asunto. Al fin y al cabo el saber no ocupa espacio. Si yo tengo mi pequeña librería en un piso de cuarenta y cinco metros y una conexión a Internet para hacer algo más que ver tías en pelotas ustedes también. Pues nada que ahí les dejo. Reflexionen sobre sus virtudes y el número siete. Yo ahora mismo y sin entrar en temas serios lo único de lo que estoy seguro es que siete es el número de días que tengo que pedir de permiso en el infierno del trabajo para marcharme a ver conciertos y emborracharme con un buen amigo. Y que siete serán los días que necesitaré para recuperarme de ese viaje y de la puñetera mudanza que estoy viendo que me va a tocar los mondonguillos. Al menos todo valga para tener una habitación más y vivir en la calle de Los Libreros de la capital. Por cierto otro día les hablaré de esa calle que tiene historias curiosas. Señoras, señores y algunos entes fumaos que se que me leéis (Guiño a mis colegas literatos de Malasaña), nos vemos en los bares. Bueno o en algún ciclo del genio Dylan puesto que estamos de aniversario. Un maestro que años después continúa explicando como ese cansado soldado sigue llamando a las puertas del cielo.

igual vamos llamando ya a las puertas del cielo, para ir cogiendo sitio, porque esos cuatro días van a ser la hostía, ya esta 9 días, nada más, tengo unas ganas, que bradwust me voy a comer, que cervecitas, más ricas, que vayan reservandonos sitio donde cojones quieran , total no creo en San Pedro ni en San Dios
Ya llega ya llega. Vaya ganas joder!!!!