Mañanas De Mediano Y Tortilla

     Hubo un tiempo en el que tomar un pincho de tortilla y un mediano por las mañanas lo eran todo para mí. Eso fue hace mucho, antes de que decidiera marchar de Santander. Aquellas mañanas se centraban en encontrarme con el bueno de Jaime y pegarle un repaso a la vida, que en aquellos tiempos la verdad no era tan jodida  como ahora. Algo tan simple como leer el periódico mientras el muy capullo se retrasaba en llegar y fumar un Camel era toda una victoria en el tedio de vida que nos comenzaba a envolver. La secuencia era lo más normal del mundo y sin embargo ahora en la lejanía de los años la extraño demasiado. Me gustaría tener a ese perro más cerca para perdernos juntos en más mañanas como aquellas. Si hay algo en esta vida que llevo mal es la lejanía de mucha de la gente a la que quiero. Y el bueno de Jimy la verdad que está lejos. Con los años todo ha cambiado. Mi compadre ya ni fuma y yo el café lo reservo para tardes de tertulia tras una comida. Pero es lo de menos. Lo que más ha cambiado es nuestra forma de ser. Se pierde la inocencia y en muchas ocasiones incluso la alegría que guardan las pocas fotos que tenemos juntos parece marchitarse. Es por ello que tratamos de hacer de cada encuentro algo único. Tal vez ni lo intentamos, simplemente lo es. A pesar de los cambios el abrazo y la sonrisa es la misma en cada ocasión que estamos juntos. Sin embargo poco a poco en las miradas se encuentran los rasgos de la vida que hemos vivido en los últimos seis años. Las pausas se hacen más analíticas durante una conversación, nos vamos haciendo mayores, y para colmo ahora ya no veo como Jaime da golpecillos contra la mesa con su cigarro mientras recuerda con media sonrisa alguna de las batallas vividas en la juventud. Pero supongo que es normal en la evolución de la vida de las personas. El caso es que hoy desayunando fuera de casa me he acordado de uno de los míos. Y se me han venido a la cabeza como por arte de magia acordes de Héroes del Silencio. Han llegado visiones de juventud detrás de alguna camarera con una copa de whisky a palo seco. Han regresado las noches con una buena cerveza en el Joyce. Las quedadas en el Campanillas. Noches inolvidables en San Luis o en el Cienfuegos. El baile privado que Jaime tuvo con un travestido sentado en una silla… Cuesta concienciarse de que no todo está siendo como cada uno imaginamos en su momento, pero queda el consuelo de una gran amistad y una fotografía en el Carrefour. Ambos con el pelo largo desafiando los años que faltaban por venir. Unos años que puedo asegurar son más llevaderos sabiendo que él estará en cada regreso. Tengo claro que aquellas mañanas se las debo y que serán devueltas veinte años después si la salud permite. Y tengo la seguridad de que aquellas mañanas hicieron que hoy en día un servidor tenga la certeza de que cuando el mar embravezca y golpee de nuevo contra los años, habrá una persona firme en la que poderse anclar para no ir a la deriva.

La resistencia es una virtud solitaria que en muchas ocasiones nadie conoce realmente hasta que es recordada por un amigo.

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~ por Nas en 10/03/2011.

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